¿Es la vida un camino al azar?

By Harold Klemp

Introducción

¿Es la vida tan sólo un camino al azar? Hay algunos analistas que piensan eso acer- ca del mercado de valores. Quizás esta ten- dencia se deriva de su forma de ver la vida. ¿Quién sabe?
Otras personas, yo entre ellas, decimos que la vida sigue un orden natural. Es predecible. Aunque la historia no se repite de acuerdo a un patrón exacto en cuanto al lugar o al tiempo, el presente es con frecuen- cia una rima de los eventos del pasado.

¿Qué piensas tú?


Si tienes un gran deseo de encontrar una vía hacia Dios mejor y más directa, sigue le- yendo. Es posible que la verdad que buscas esté al alcance de tu mano.

¿Es la vida un camino al azar?

Me encontraba un día en la oficina de co- rreos cuando entró un señor con su hija. La pequeña empezó a correr de un lado al otro de la oficina, empuñando con fuerza una llave.
Cuando me dirigí a mi apartado postal en busca del correo, la niña me siguió y ob- servó con una mirada atenta cómo yo metía la llave en la cerradura y la abría. Parecía estar fascinada por el proceso. Resultaba cla- ro que ella había intentado usar su llave en varios apartados sin tener éxito.

>>La llave de la oportunidad

La pequeña permaneció ahí mirando fi- jamente mientras yo cerraba mi apartado. Para entonces, su padre ya había terminado con sus asuntos y estaba listo para irse.

Tras recoger a su hija en brazos, se diri- gió hacia la puerta y dándose vuelta dijo: “Cuando uno tiene esa edad y ha conseguido una llave, el mundo entero es una cerradu- ra”

Me puse a pensar en esto, tratando de captar el mensaje espiritual. He aquí lo que encontré: El mundo entero es una espléndi- da oportunidad, un misterio para un niño, algo que se abre con una llave a fin de descu- brir lo que hay dentro.

¿Tienes tú una llave así? ¿Cómo funciona?

En busca de respuestas

¿Quién soy? ¿Qué soy? ¿Por qué estoy aquí? ¿Adónde voy? ¿Cuándo? ¿Y cómo?

Preguntas, preguntas, pero buenas pre- guntas.

En busca de respuestas a estas pregun- tas, te enfrentas cara a cara con los secretos mismos de la vida y la muerte. Descubres el conocimiento verdadero, que la mayoría de los más grandes eruditos de las religiones principales no ha podido encontrar.

Justo en este momento te encuentras al pie de una nueva escalera de descubrimien- tos.

¿Qué son las antiguas enseñanzas de ECK? ¿Qué implican? ¿Pueden mejorar tu vida? ¿Hacerte una mejor persona? Todas estas son preguntas que tal vez algún día te hagas. Quizás hoy.

Ayúdame a recordar cómo es Dios

Durante la destrucción masiva que pro- vocó el huracán Andrés en agosto de 1992, mucha gente en el sur de Florida perdió sus casas y todas sus pertenencias. Algunos ECKistas también sintieron la mella de su destrucción. Una de estas familias de ECK aceptó resguardarse con otra familia hasta que el dinero de la compañía de seguros les permitiera restaurar su casa.

Sus anfitriones les contaron una histo- ria acerca de su hija de cuatro años de edad y el bebé recién nacido de la familia. Poco después de haber traído al recién nacido del hospital a la casa, la hija de los anfitriones les hizo una petición. ¿Podría ella permane- cer unos momentos a solas con el bebé? Al principio los padres se mostraron renuentes. Temerosos de la rivalidad entre hermanos, se preguntaron si la niña podría hacerle daño al bebé. Pero la pequeña de cuatro años in- sistió en pedirles que se salieran del cuarto y la dejaran quedarse con el recién nacido.

5 Los padres accedieron, pero sólo tras su- bir el volumen del intercomunicador en la habitación del bebé.

(Confía en Dios, pero sube el volumen del intercomunicador.)

Ellos se quedaron escuchando en la otra habitación, listos para entrar corriendo en caso necesario. Sin embargo, en lugar de llan- tos de dolor, lo que escucharon fue la suave voz de su hija que se dirigía al pequeño. Sus palabras eran como una plegaria.

“Bebé”, le dijo, “ayúdame a recordar cómo es Dios. Estoy empezando a olvidarlo.”

En efecto, muchos niños recuerdan cómo es Dios, al menos hasta que entran a la es- cuela a la edad de tres, cuatro o cinco años. Después, su memoria empieza a nublarse. Por supuesto que una buena educación les enseña cómo ser adultos responsables en la sociedad. Sin embargo, al mismo tiempo se pierde un regalo invaluable: la comprensión del niño acerca de Dios.